| Info Fidelity: Marzo 2011 |
Página 1 de 2 La Electrónica en el automóvil: amiga o enemiga
Por Francisco Maestro, director de Postventa del Grupo Lidercar Efectivamente: Con la década de los 80 comenzaban a llegar a los nuevos modelos de automóviles algunos "inventos" que ensayados en el ámbito de la competición, aeronáutica e incluso militar, aportaban un principio de funcionamiento distinto a todo lo conocido. Fundamentalmente se trataba de sustituir elementos meramente eléctricos por otros electrónicos ¿diferencias? La incorporación de circuitos impresos con microprocesadores capaces de realizar las antiguas funciones eléctricas con mucha más precisión, mayor rango de aplicación y duración casi ilimitada.
Los primeros pasos se dieron en los sistemas de encendido para vehículos de gasolina (los que se encargan de hacer saltar la chispa en las bujías), sustituyendo las bobinas tradicionales (la bobina se encarga de transformar la tensión de 12 voltios en miles de voltios en momentos muy cortos), por módulos de encendido más eficientes. Simultáneamente se incorporaba un distribuidor electrónico que sin ningún tipo de mantenimiento eliminaba los tradicionales platinos y su necesidad de cambiarlos cada 10.000 o 20.000 kms. Poco después, en coches de alta gama, aparecía un “invento” que hoy es obligatorio en todos los turismos: sí, estamos hablando del ABS o antibloqueo de frenos. Gracias a unos sensores colocados en los bujes de las ruedas se obtiene la velocidad a la que gira cada rueda, con esta información y un conjunto de electro bombas gobernadas por la centralita ABS, se consigue modular la presión que ejercemos en el pedal de freno para evitar que patinen las ruedas. Después se han ido incorporando innumerables elementos que ahora nos permiten conducir con mucha mayor seguridad, comodidad, rendimiento, economía de consumo y bajísimos niveles de contaminación. Como en todos los inicios, el camino de la electrónica aplicada al automóvil ha tenido dificultades tanto por la propia tecnología, como por la complejidad de la diagnosis y por supuesto por la falta de experiencia del personal técnico; para ellos el cambio de la tecnología mecánica-eléctrica a la electrónica, supuso un reto importante en cuanto a formación, la cual se ha conseguido gracias a los esfuerzos de las marcas y sus concesionarios, llegando actualmente a nivel muy alto de capacitación. Tecnológicamente los primeros años y las primeras generaciones de vehículos que montaban estos “ingenios” han sufrido un número importante de problemas que aunque de escasa importancia, en muchas ocasiones inmovilizaban los vehículos, además dada la escasez de medios de diagnosis, la solución a estos pequeños fallos se dilataba en el tiempo. Un alto porcentaje de estos problemas correspondían a fallos en cableados y conexiones, que como ya decíamos tenían escasa importancia, pero nos daban “mucha guerra”. Y parte de la mala fama de la electrónica se debe a que un porcentaje grande de estos fallos, cuando eran reparados por técnicos sin la debida formación, carentes de la documentación necesaria y sin el apoyo de la marca del vehículo, se convertían en un rosario a base de sustituir elementos de un precio considerable cuando no era necesario. En la actualidad el panorama ha cambiado considerablemente y todas las marcas de vehículos disponen de información detallada y actualizada, que permite resolver cualquier anomalía (que por cierto son muy poco frecuentes), en un plazo mínimo y con costes también muy bajos.
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